martes, 18 de febrero de 2014

Borregos negros

Pienso (y existo) en el tiempo que por irónica-suerte me ha tocado correr. La cultura nos hace, moldea y mata. Esta sociedad occidental cuyos cánones se fotocopian cual cliché a través de la súper interconexión global que es llegada y adoptada por todos. 


A mi corta pero creo que intensa edad, he sido receptora e inevitablemente emisora (víctima) del Sistema, que ya nos vende las experiencias, oportunidades para crecer, emociones e incluso sentimientos. Sistema-sujeto de nuestro "yo" cuyo verbo canaliza la acción en el predicado de "nosotros mismos". Ya no compramos un balón para jugar en la calle ahora si no es un Balón de Reglamento 2014 del equipo de primera no es válido. 
La luz ámbar de la bombilla de cuatro vatios de California cumple ya 110 años de iluminación ininterrumpida. Asombroso. Pero claro, por la inversa proporcional, a más longevidad menor consumo de ventas. ¿Dónde está el negocio señores? Fue en este punto de inflexión donde se inventó la Obsolescencia programada. Esto me lleva a que no sólo hay obsolescencia en los objetos, también nosotros estamos siendo ovejas blancas de este fenómeno capitalista. Las estadísticas de nupcialidad hablan por sí solas, y la línea gráfica cada vez se inclina más. Bien es cierto lo que nos dicen nuestros abuelos: "Antes lo que se estropeaba se arreglaba, ahora se tira". 
Los instintos básicos quedan tapizados por un velo enturbiado  de agresiva e increpante publicidad. Ya no se buscan cerebros originales con los que maravillarnos y fascinar, tampoco pulmones que nos regalen bocanadas de aire para recobrar los latidos acompasados de un corazón virtuoso. Ni púpila sobre púpila dilatada, tampoco yemas electrizadas con el tacto que metamorfoseen nuestro interior haciendo que salgan mariposas a revolotear sus alas por nuestro estómago... Ya se inventó el fetichismo. Un tacón. Una barra de labios roja. Una camisa o un vaquero de marca. Un coche gama alta...  También nos educaron en círculos concéntricos para relacionarnos con el mismo estatus social, cultural y educativo. ¿De qué nos enamoramos realmente?
Hemos avanzado (involucionado) del hiperindividualismo al personismo. Ahora no sólo nos sometemos al capitalismo de la producción, la obsesión de la propiedad, sino que ahora también lo que prima es el disfrute ipso facto, inmediato: las drogas su mejor reflejo. Lo fácil, el no arriesgar, ir a lo seguro. Esto nos lleva a una condición de borrego teñido de negro, pues somos víctimas creyendo justo lo contrario.